Historia

Las Guerras de Bakán es una novela de fantasía en la que he estado trabajando durante muchos años. La primera parte lleva por título "Sueños de Dragón". Espero que disfrutéis vosotros leyéndola tanto como yo escribiéndola.

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lunes, 28 de abril de 2014

CAPÍTULO VIGESIMOCUARTO (Parte 6/6) - Sangre en las rocas


          Soy Eluanne ar Enamayn y estas son mis notas de la batalla de Ossián.
          Hemos perdido el control de la ciudad y nos hemos refugiado en la ciudadela. Al menos los que hemos podido hacerlo. El resto de la población ha quedado en manos de nuestros enemigos, y sólo puedo rezar a los Dioses porque ellos sean más clementes con ellos de lo que lo hemos sido nosotros. Al menos, una vez incendiado casi un tercio de la ciudad, no parece que se hayan dedicado con demasiado ahínco a la masacre. Han descansado parte del día, dándonos un respiro, cuando no lo hicieron anoche. Por desgracia, han eliminado a todo aquel que hemos enviado para acabar con la mortal amenaza que nos suponen sus magos.
          La ciudad sigue ardiendo, por cierto, y el fuego se extiende de barrio en barrio, de casa en casa, y muy pronto llegará a los almacenes de grano convirtiendo esas calles en una pesadilla. El viento hará el resto. El viento que no ha dejado de soplar desde su llegada. El cielo está negro, como si augurara la llegada de esa lluvia que tan bien nos vendría, pero no sé si es por el humo de los incendios o porque Moses va a mostrar piedad por nosotros. La ceniza no deja de caer, arrastrada por el viento. Si llueve, el agua hará que todo se convierta en un barrizal y que sea más difícil luchar. Por fortuna, eso afectará a los dos bandos por igual, así que sería algo de lo que podríamos alegrarnos.
          Ahora estoy a cargo de la armería del castillo y de la intendencia. Me encargo de que las comidas se sirvan a su hora y de que todo llegue donde tiene que llegar, cuando tiene que llegar. Elemaine está en la Academia, ayudando a los sanadores junto a muchas otras esposas. Ese tipo de trabajo y yo nunca nos hemos llevado bien, así que me encargo de esto. La he visto de lejos hace un rato, cuando he pasado en persona a entregar grano para las gachas de los enfermos, porque no había nadie más pudiera hacerlo, y me ha parecido que estaba al borde del agotamiento. Pero es una mujer fuerte, a su manera, y sé que seguirá adelante y que se mantendrá firme. Todas lo haremos.
          Las provisiones no serán, por desgracia, un problema. Todo está ocurriendo tan rápido, que no creo que lleguemos a tener necesidad real de nada antes de que todo acabe. Lo que ocurra después será muy diferente. Si gran parte de los almacenes de la ciudad arden, Moses no lo quiera, perderemos gran cantidad de reservas, y los supervivientes de este desastre pasarán hambre. Ya hemos perdido muchos de los que hay en la zona navegable del Agrelle que ahora controlan los elfos. Algunos de ellos han sido incendiados, pero otros habrán sido saqueados. De lo que sí habrá escasez, tarde o temprano, será de soldados, nuestro bien más preciado. Ese precioso suministro de vidas se agotará mucho antes de que lo haga incluso el agua.
          El agua, en cambio, sí que se ha convertido en un problema en la ciudad. No aquí. Si tenemos que dar gracias a los Dioses por algo, es por eso. Al menos nuestros combatientes están sanos y pueden seguir luchando. No como la gente que ha quedado extramuros de la ciudadela. ¿Pero qué otra cosa podíamos hacer? He intentado que comprendan, pero… No quiero hablar de eso. No lo haré siquiera en este escrito que dejo con la esperanza de que sea encontrado si todo sale mal. Si no vencen, yo misma lo quemaré con mis propias manos para poder narrar estos hechos de viva voz. Pero si nos derrotan, y yo no sobrevivo, que esto sirva de testimonio.
          Viva. Espero salir viva de esta. Espero que mi padre viva y que el pequeño Geren viva. Espero que Naudrun vuelva a tiempo junto a Selam y el resto de sus hombres para salvarnos. Espero que puedan así atacar a los bastardos que nos asedian por la retaguardia. Espero demasiadas cosas, mas no concibo falsas esperanzas. El que es mi deseo y la realidad son dos cosas muy diferentes, y es inútil y peligroso engañarse a una misma.
          Confirmando mis peores temores, resuena una vez más ese chasquido gemebundo de la piedra al partirse. No creo que la noticia tarde en llegar. He dado orden de que lleven más flechas y agua a los puestos intermedios de defensa que espero conviertan las calles en un matadero para esos elfos negros, tan pronto como se adentren en mi hogar.
          No podía esperar a recibir esas noticias, de modo que he subido al adarve con este escrito a narrar lo que vea desde aquí. No es tan cómodo escribir apoyada en una almena, pero al menos no estoy ahí abajo, sentada en una silla, preguntándome constantemente qué estará ocurriendo. Yselda ha venido conmigo. Hemos encontrado en la armería una pequeña coraza de cuero acolchado que le va bien y ha querido ponérsela. “Para ir como vos, mi señora”. Me ha dicho, con voz fuerte y decidida. Ha cambiado mucho en este día. Ha dejado el miedo atrás pero, me temo, también ha dejado su alegría y su inocencia y nunca volverá a ser la que era antes. Ninguna de las mujeres que estamos aquí volveremos a ser lo que éramos.
          Acabo de ver derrumbarse toda una cortina de muralla y me he tenido que aferrar con fuerza a las piedras para no caer yo también de lo que ha temblado todo. Yselda, bendita sea esta muchacha, ha salvado este escrito gracias a la rapidez de sus reflejos. Casi se pierde muralla abajo. La parte de la muralla que ha caído es la que se yergue justo sobre el Agrelle. Es espantoso. Donde antes había piedra blanca ahora hay un enorme agujero que enmarca los incendios de detrás con bordes mellados como dientes. Parece una boca. Voraz, hambrienta. Quiere devorarnos, devorar nuestras esperanzas y todos nuestros sueños.
          Gracias a los Dioses el pequeño Geren está en el castillo, a salvo de lo que sucederá en la ciudadela, junto al resto de nuestros hijos y junto las niñas del templo de Tyrsha. Sé que se luchará calle por calle, casa por casa de ser necesario. Se venderá caro cada palmo de terreno que nos arrebaten.
          Ya oigo el entrechocar de las armas y los primeros gritos, incluso por encima del murmullo del fuego que arde más allá. No distingo cuales son de los nuestros y cuales pertenecen a los elfos negros. Puede que sea para bien.
          Tampoco puedo ver lo que ocurre abajo, en la zona por donde deben estar entrando esas espantosas criaturas de pesadilla con sus hechiceros. Tal vez sea también para bien.
          No quiero ver la sangre en las rocas.


Eluanne ar Enamayn.


 

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