Historia

Las Guerras de Bakán es una novela de fantasía en la que he estado trabajando durante muchos años. La primera parte lleva por título "Sueños de Dragón". Espero que disfrutéis vosotros leyéndola tanto como yo escribiéndola.

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jueves, 10 de abril de 2014

CAPÍTULO VIGESIMOCUARTO (Parte 2/6) - Sangre en las rocas


          Soy Eluanne ar Enamayn y estas son mis notas de la batalla de Ossián.
          Todos hemos despertado hoy en medio de una pesadilla. Geren lloraba en la habitación de al lado y mi doncella ha acudido a la puerta de mis aposentos completamente aterrorizada. Pobre y valiente niña. Pese a su miedo, la he tenido que enviar a averiguar qué pasaba, mientras yo iba a por el pequeño y me vestía.

          Los toques de cuerno. No puedo olvidar los toques de cuerno. Los he contado uno a uno. Al llegar al noveno es cuando he sentido miedo de verdad. No podía tratarse de un incendio, no sin olor a humo en el aire, no con esos extraños ruidos ni con los temblores sacudiéndolo todo. Mis miedos se han visto confirmados en cuanto el secretario de Naudrun y mi doncella han vuelto con las terribles noticias.
Ossián está siendo atacada por los elfos negros. Esa amenaza, que tan lejos creíamos, está delante de nuestras mismas narices.
          Mi pobre niño está asustado en casa, solo y sin su madre. Al menos tiene a su nana, que sé que lo adora. Mi doncella está asustada y, mientras yo escribo estas líneas, aferra con fuerza la daga que ha usado en la armería de casa para cortar la falda del vestido cuando me ha ayudado a ponerme la armadura. La he hecho ayudarme con tanta premura, que hemos acabado por colocar la cota de cuero por encima de la ropa y luego hemos tenido que arreglarlo. Ahora estamos en palacio. En un pabellón que mi padre ha acondicionado para hacer de oficina central de intendencia. Escribo esto en un libro de cuentas porque no tengo otra cosa donde hacerlo. Pero hay que dejar testimonio de lo que ocurra y de lo que hagamos, por todo lo que pueda pasar. Hay trabajo que realizar. Tanto que no puedo permitirme el lujo de encogerme en una esquina con mi familia, que es lo que más deseo en este momento. Al menos puedo estar tranquila respecto al joven Naurean, lejos de todo y a salvo en el Cahir.
          Mi viejo padre. Qué orgulloso se ha sentido al verme entrar en el castillo con una vieja armadura de cuero que Yselda me ha ayudado a ponerme. Pobre Yselda, lo consternada que se ha sentido cuando yo se lo he ordenado tras conocer la situación en que nos encontrábamos. No creo que la pobre muchacha se haya planteado hasta ahora que una mujer pueda ponerse una armadura y empuñar una espada, no al menos fuera de un templo de sacerdotisas. Pero mi padre me enseñó bien y ha llegado el día en que no lamento ni una sola de las lecciones que me dio.
          “Ninguna hija mía va a ir por el mundo sin saber manejar una espada o ponerse una armadura. Ninguna mujer de esta casa irá indefensa por el mundo si yo puedo evitarlo.”
          Esas eran sus frases favoritas. Así que me enseñó a matar y a luchar.
          Mi hermano lo llenó de orgullo al seguir sus pasos y convertirse en instructor de la academia, y el ingreso de Annre en el templo de Tyrsha de Ossián hizo lo mismo. No es que se sintiera menos orgulloso de mí que de los demás. Yo le he hecho abuelo y sé de números y de letras y de llevar un Cahir y sus tierras, es sólo que su orgullo era diferente. Hoy sus ojos destilaban el mismo orgullo que con mis hermanos. No puedo decir que lo lamente.
          Porque tenía razón. Toda mujer debiera aprender a empuñar un arma porque nunca se sabe lo que puede pasar. Quién va a venir a tu puerta en medio de la noche o si se vivirá siempre en tiempos de paz.
Ahora los elfos negros llaman a nuestra puerta y los tiempos de paz se han acabado. Y somos muchas las mujeres que quedamos en Ossián. Ojalá hubiera habido más padres como el mío. Ahora no estaríamos tan faltos de soldados.
          Si sobrevivimos a este ataque enseñaré a Yselda a combatir. Creo que quiere aprender. Estaba muy asustada, pero ahora aferra esa daga como si en ello le fuera la vida. Puedo que lo haga cuando la muralla ceda. Tardará más o menos tiempo, pero cederá. Todos lo dan por hecho y no seré yo la que lo ponga en duda. La magia de esos elfos es terrible. Negra y veteada de rayos por lo que me han dicho. Rayos que impactan contra la piedra y la rajan y la resquebrajan y la parten. Golpean con tanta fuerza que hasta el suelo tiembla.
          Si sobrevivimos también entrenaré a Elemaine. Me la he encontrado antes de partir hacia aquí y parecía un conejillo aterrado. Es menuda y delgada como un junco y puede parecer débil y frágil, delicada como una flor, pero dudo mucho que lo sea si son ciertas la mitad de las cosas que se dicen sobre cómo fue su compromiso con lord Ilger.
          Sea como sea, la he enviado a traer a todos los clérigos de Elysis que puede al interior de la ciudadela. Es importante recordar que los elfos negros no tienen sanadores. No tienen acceso a la sanación mágica dado que carecen de un culto a Elysis establecido en su sociedad. Saben que eso nos da ventaja sobre ellos, así que sabrán reconocer un templo de Elysis en cuanto lo vean y, si su líder es medianamente inteligente, y creo que lo es, teniendo en cuenta cómo han sabido situar a sus tropas en nuestras mismas murallas sin que las hayamos visto llegar, no escatimará recursos para destruirlo y matar a tantos clérigos como pueda.
          De Elemaine ha sido la idea de instalarlos en la Academia, ahora que está vacía. Es una mujer inteligente y capaz. Que los Dioses la guarden mientras hace su trabajo. Que los Dioses le permitan hacerlo antes de que las murallas caigan. Que los Dioses la traigan sana y salva a nosotros de nuevo.
          Ya hay una brecha en la muralla y siento cómo el miedo comienza a crecer entre los hombres. Casi se puede ver y hasta palpar. Susurros, cuchicheos nerviosos, miradas más allá de las murallas del castillo en dirección Orn. Cada vez hay más gente que sube ahí arriba para intentar ver qué es lo que ocurre. Desde las torres que hay cerca de donde yo me encuentro, apenas podemos divisar la muralla exterior, dado que la interior nos tapa la vista. Sin embargo, eso no disuade a los sirvientes y a las doncellas. Los pajes y los palafreneros también acuden. Todos tienen miedo, pero también sienten curiosidad.
          Nadie ha visto un elfo negro en ¿cuánto? ¿Más de mil años? Si no fuera por las crónicas que se conservan en la biblioteca de Arey y en palacio, así como en otros muchos sitios, hubiéramos creído que no son sino leyendas, mitos, terrores nocturnos con los que asustar a nuestros hijos. Si no fuera por eso y por los viajeros que de cuando en cuando cruzan la Prohibición y logran volver. Uno de ellos me contó que los había visto cuando yo apenas era una niña. Recuerdo que pasó por Ossián y que se alojó en la casa de mi padre pues eran grandes amigos. Nos contó a todos los niños la historia de su viaje. Según nos contó, su expedición minera se había perdido en las montañas alejándose mucho en dirección Norn. Al cabo de días de viaje, llegaron a un valle y allí encontraron una ciudad hermosa y negra, como esculpida en encaje de roca. Estaba habitada por elfos negros. Por miles de ellos, nos contaba. Hermosos. Y letales, tal y como contaban las leyendas. Tan sólo él y otros dos hombres habían logrado escapar de la salvaje cacería a la que habían sido sometidos. Habían cruzado de nuevo la Prohibición, volviendo así una vez más a la seguridad de Bakán.
          Hermosos pero letales. No estoy muy segura de querer verlos con mis propios ojos. Aunque he de confesar que yo también siento un poco de curiosidad por esas criaturas. Curiosidad, me imagino, que será saciada desgraciadamente mucho antes de lo que me gustaría.
          Elemaine ha vuelto de la ciudad. Sana y salva, gracias a los Dioses, mas no ha traído a todos los clérigos consigo. Algunos se han negado a abandonar la ciudad. Su coraje es admirable.
          Me acabo de reunir con mi padre, el senescal y unos cuantos veteranos que han acudido a la llamada a las armas. Las noticias no han sido buenas. Han agrandado la brecha en la muralla. Lord Fraethon ha intentado detener con sus hombres la primera oleada de elfos en entrar por la grieta.
          Han muerto. Los han matado. Del mismo modo en que mataron a los arqueros que intentaron atacar a sus magos a primera hora de la mañana. Desde entonces nadie había vuelto a atreverse a acercarse a las murallas. Hasta ahora. Ahora iban a entrar, alguien tenía que intentar algo. Lord Fraethon ha sido quien lo ha hecho y ha fracasado. Mi padre dice que no ha quedado de ellos nada salvo pedazos de carne salpicando las paredes. Lamento la escritura casi ilegible, pero aún me tiembla la mano de sólo pensarlo. De sólo recordar su voz, sus ojos. Sólo he visto antes una vez así a mi padre, vivo por fuera y casi muerto por dentro. Con la muerte de mi hermanita menor, de la que ni siquiera llegamos a saber su nombre pues murió durante el parto. Ni siquiera cuando madre falleció años después he vuelto a ver así a mi padre. Hasta el día de hoy.
          No he querido preguntar nada más. El senescal tampoco.
          Nos habían servido la comida allí, en la casa que han escogido como cuartel general, pero después de las noticias que han llegado nadie ha querido probar bocado. Yo todavía tengo el estómago revuelto. Mi doncella dice que debo forzarme a comer, si no por mí, por todo el mundo que me rodea y depende de que yo haga mi trabajo. Parecía tan importante antes. Coordinar los mensajes entre la muralla interior y el castillo, asegurarme de que todo el mundo aquí siga haciendo su trabajo, como si ahí fuera no estuviera ocurriendo nada, como si no estuviera muriendo gente.
          Seguimos sin saber cómo han logrado situarse los elfos donde lo han hecho sin que los hayamos visto llegar. Los únicos testigos que podrían habernos dicho algo al respecto son los soldados que estaban de guardia en ese momento en las murallas, pero han sido los primeros en fallecer. Un mercader madrugador encontró sus cadáveres calcinados bajo el camino de ronda justo antes de que empezara el ataque.
          Nadie lo sabe, pero ¿acaso importa? ¿Acaso no podemos conformarnos con saber que ha ocurrido y centrarnos en lo que realmente importa? Pero buscamos respuestas. Seguimos buscando respuestas que nos permitan dormir. Esta noche no creo que yo pueda hacerlo.
          ¡Dioses misericordiosos! La muralla ha caído. Casi dos ahs de muralla se han desmoronado sobre las casas cercanas sepultando y matando a varios soldados. Están entrando. Vienen. Sus hechiceros han comenzado a incendiar la ciudad, arrasándolo todo a su paso. No pueden detenerlos. Los soldados se baten en retirada. ¿Cómo vamos a combatir contra un enemigo que puede doblegar la piedra a su voluntad y derribar murallas en menos de un día? ¿Contra un poder tan grande que es capaz de convertir la carne sobre los huesos en pulpa?
          Me he asomado al patio. Hay cada vez más humo en el cielo hacia el Orn.

Eluanne ar Enamayn.




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