Historia

Las Guerras de Bakán es una novela de fantasía en la que he estado trabajando durante muchos años. La primera parte lleva por título "Sueños de Dragón". Espero que disfrutéis vosotros leyéndola tanto como yo escribiéndola.

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lunes, 23 de diciembre de 2013

CAPÍTULO VIGESIMOPRIMERO (Parte 2/3) - Gruta oscura


          Una vez se hubieron perdido de vista, Frodrith posó una mano sobre el brazo de su hermana, reteniéndola según comenzaba a incorporarse.
          —Diedrith, ¿qué es lo que ha pasado antes? Durante el combate —inquirió en voz baja—. No… no lo recuerdo bien. Esa… cosa, el espectro, entró en mi cabeza cuando yo estaba haciendo lo mismo con él. Sólo intentaba distraerlo para que Derlan o tú pudierais atacarle —sacudió la cabeza de lado a lado— y de pronto… se lanzó sobre mí. Me ha hecho algo, Di —su voz adquirió un tono lastimero y se quebró, casi en un sollozo.
          La muchacha se acercó a él de rodillas para abrazarle y Frodrith enterró el rostro entre los sucios cabellos de ella y aspiró su familiar aroma, punteado de un leve tufo a podredumbre. No le importó. Permaneció así un largo rato, los ojos cerrados, rodeando su espalda con el brazo que podía mover, hasta que la angustia que lo inundaba remitió ligeramente.
          Tras recobrar la consciencia le había costado pensar; después, la sorprendente revelación de que el desconocido que los había salvado era el amigo del eorniano, le había dejado sin palabras. Pero luego, los recuerdos habían vuelto, esos demenciales momentos en que el espectro había desgarrado su mente, desbaratando por completo quién era, arrastrándolo hacia un abismo de agonía. Había aguantado mientras Derlan estaba delante, sin embargo, ahora…
          —Puedes contármelo, hermanito. Siempre. Todo —resonó la voz de su  hermana contra su pecho y en sus oídos, cálida, reconfortante y llena de cariño.
          —No lo sé, Diedrith, no lo sé —musitó con voz ahogada, sin soltarse de entre sus brazos—. No sé qué me ha hecho. Pero ahora recuerdo cosas que no debiera, como si tuviera parte… parte de… —apretó los dientes— esa cosa se hubiera quedado conmigo. No sé qué…
          —Shhh, shhhh —le chistó Di, apartándose un poco de él para mirarlo a los ojos—. Calma. No te preocupes por eso ahora. Seguro que no es nada. Dices que te has metido en su mente y él en la tuya. Cuando lo haces con la gente normal siempre dices que puedes saber lo que piensan, pude que esto sea igual, solo que peor —la muchacha frunció el ceño con una mueca desconcertada—. No lo sé, hermanito, pero yo, al menos, veo al Fro de siempre ante mí.
          Una suave sonrisa distendió sus facciones y le revolvió el pelo como hacia su madre cuando eran pequeños. Frodrith sintió cómo se sonrojaba y alzó la zurda para apartar la de su hermana con un mohín en los labios. Finalmente él también sonrió y bufó.
          —Vale. Sí. Puede. Pero están ahí. Son… cosas muy raras…
          —Si quieres hablar…
          Frodrith negó con vehemencia.
          —No… ahora no… aún no… no lo sé —se apartó los apelmazados cabellos de la cara y se miró los dedos manchados de barro—. Tengo… que pensarlo, creo —una triste sonrisa de disculpa aleteó en sus labios y se desvaneció con rapidez—. Luego, tal vez. Ah… pero ¿qué ha pasado luego? Después de que yo…
          Diedrith asintió y se acomodó a su lado sobre una gruesa raíz medio podrida.
          —Durante unos momentos creí que funcionaría. Logré atraparle un brazo. O eso me pareció, porque, de pronto, se soltó dejando… no sé —la muchacha alzó una de las ennegrecidas secciones de sus cadenas para deslizar con lentitud un eslabón tras otro entre sus dedos— parte de sí mismo, tal vez, enganchado aquí. Entonces se lanzó sobre ti —se giró para mirarle, el dolor asomando a su rostro, los labios arrugados por la angustia del recuerdo—. Cuando Derlan y yo reaccionamos, ya te estaba agarrando del brazo… Y gritaste, y gritaste… y no sabía qué hacer… ¿Cómo lo tienes, por cierto?
          —Ahora al menos duele —comentó con una mueca—. Antes no lo sentía. Creo que será como la quemadura de su hombro —señaló con la barbilla la dirección en la que habían desaparecido los eornianos—. Nada grave, espero. Aunque aún no lo puedo mover, eso sí.
          —Casi me muero del susto cuando te caíste de espaldas. Creo te has dado en la cabeza…
          Frodrith alzó la zurda y se palpó la nuca, con cuidado. No tardó en apartar rápidamente los dedos, con un gesto de dolor, en cuanto estos rozaron el bulto que comenzaba a salirle en la parte de atrás de la cabeza.
          —Sí, parece que sí. Al menos no hay sangre —añadió mirándose las yemas de los dedos.
          La muchacha asintió y siguió hablando:
          —La cosa es que ese ser se distrajo lo suficiente contigo y esa vez sí que lo atrapé bien. De verdad. Derlan disparó. Le destrozó el brazo, pareció como si estallara. Pero no lo mató —Diedrith sacudió la cabeza y se volvió hacia las ruinas—. Derlan parecía aterrado y yo también tuve miedo por ello. Tú parecías muerto y ese… espectro… no había muerto y… —se frotó las manos y echó el aliento sobre ellas, en un vano intento de calentarlas. La escarcha negra se desvanecía en torno a ellos a pasos agigantados y había dejado de llover, pero sus ropas estaban empapadas y manchadas— entonces se alejó de nosotros, pero —la joven se mordió el labio inferior y su voz tembló— hizo algo. Gritó… no sé… y de los cadáveres de los soldados se levantaros más cosas como él. Casi como él. No eran tan fuertes.
          Frodrith carraspeó para aclarase la garganta, sólo podía acertar a imaginar el miedo que debían de haber sentido su hermana y Derlan cuando sus enemigos se habían multiplicado de pronto ante sus ojos.
          —De eso he visto algo. Cómo nos rodeaban y cómo Derlan disparaba y tú los matabas también. Entonces, es cuando he visto al espectro acercarse a Derlan. Quise avisarle, pero me dolía todo y no… no podía hablar.
          —Oí un grito y pensé que eras tú… pero no lo eras. Ese Ledren salió del bosque, como un gigante enloquecido con el hacha esa —la joven señaló los cercanos árboles y luego la marca quemada en el suelo—. Casi me trago la lengua del susto al ver al espectro al lado de Derlan.
          Ambos se volvieron a mirar en dirección a las ruinas.
          —¿Qué crees que le habrá pasado, Di? Tenía un aspecto espantoso. Agotado y parece que…
          —Haya pasado algo —concluyó su hermana, asintiendo preocupada—. Lo sé. No parece que vaya a ser algo bueno y feliz, pero me imagino que Derlan nos lo contará cuando vuelva —la joven inhaló hondo y se palmeó los muslos—. Pero alegrémonos por ello, gracias a él estamos todos con vida. Bueno, es mejor que me vaya ya a donde Harrow y traiga aquí todas las cosas. A ver qué podemos hacer con tu herida.
          Con aquellas palabras, Diedrith se puso en pie y se alejó de las ruinas, adentrándose en el bosque, de vuelta hacia los campos que rodeaban Lecig.




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